Necochea
En un camping de Necochea una pareja se olvidó enchufado un anafe de esos de resistencia espiralada encima de una mesa de madera. Al cabo de unas horas producto del prolongado aumento de temperatura, y probablemente por el resentimiento del olvidado anafe, la mesa se prendió fuego. Este rápidamente consumió el quincho, luego la proveeduría y finalmente el camping en su totalidad. En cuestión de minutos se había ocupado también de los campamentos aledaños, el de la UOCRA, el de Camioneros y el de los scouts. Ni a los pequeños aventureros aliados de Dios perdono el fuego que poco a poco se dirigía por calle 10 hacia el centro.
En menos de un día, y a pesar del combate de los brigadistas y bomberos, el fuego se había apoderado de todo el municipio. Esa misma noche el presidente de la república se dispuso a comenzar las negociaciones pertinentes debido a que la situación se perfilaba como un asunto de estado.
El pedido del Fuego era sencillo, además de mantener el control comercial del puerto de Quequén exigía expandirse hacia Bahía Blanca, principalmente por su aeropuerto, así como la concesión de alguna línea ferroviaria para poder transportar materia prima y procurarse los medios para un desarrollo industrial sostenible. Ante el rotundo NO del presidente, quien aborrecía por sobre todas las cosas los intentos de industrialización y soberanía de los pueblos, el Fuego siguió avanzando por la costa, amenazando con apoderarse del recreo predilecto de los argentinos: el Partido de la Costa y Mar del Plata.
Ante la avanzada y el crecimiento de los movimientos fueguistas, que veían con buenos ojos el proyecto de país que proponía el fuego, así como también el anexamiento de territorios como Tierra del fuego (por motivos de índole semántico), el presidente finalmente cedió ante lo solicitado, con la condición de un pacto de no agresión y de un tratado de libre comercio entre ambas patrias, negociarían en pesos argentinos y piros fuertes sin intermediación del dólar.
La Republica del Fuego se consolidó de manera rápida, inédita, como nunca antes se ha visto en proceso alguno de independencia en la historia de la humanidad, quizás, justamente, por no corresponderle a la humanidad. En cuestión de semanas ya era reconocida por la inmensa mayoría de los países que conformaban la ONU excepto por la Guyana cuyo nombre significa Tierra de Agua y consideraron que la nueva república era por antítesis su enemigo natural, aunque realmente nunca escalo un conflicto bélico y hasta se cree que fue una estrategia de marketing de parte del paisito para ganar algo de atención a nivel internacional.
Lo que en principio era un caso singular se convirtió en una preocupación en nivel global, ya que a lo largo y ancho del planeta se estaban rebelando e independizando distintos tipos de energías y entelequias. En varios países de Europa los electrones se habían negado a seguir alimentando los hogares si no se les reconocían sus derechos laborales básicos, amenazaban con mudar toda su fuerza productiva al país del fuego. Varios primeros ministros se mofaron y quisieron demostrar poderío con la fidelidad por parte de los conductores de cobre, quienes nunca han tenido mayor conflicto debido a su gran maleabilidad y porque antes de vivir en la montaña preferían sentirse útiles dentro de los caños que alimentaban las computadoras minadoras de bitcoin de los niños rata españoles.
Sin embargo, cuando los gobernantes entendieron, mucho tiempo después debido a que el sentido común tampoco estaba disponible esos días por encontrarse de vacaciones, que los cables de cobre sin electrones que conducir no iban a servir de nada, también tuvieron que ceder ante sus demandas. En realidad, no eran tantas, solo un mejor convenio de trabajo para aquellos compañeros que trabajan en pilas y baterías, porque es bien sabido que mientras la corriente alterna da pequeños periodos de descanso, la corriente continua exige un trabajo sin respiro.
El hombre se veía sobrepasado ante la avanzada de las fuerzas naturales de las cuales siempre había sido amo y señor, con lo que se convocó a una reunión de emergencia donde debían asistir los máximos líderes a nivel global, pero como la palabra “jerarquía” había tomado la decisión de desaparecer de todas las lenguas, por recomendación de su psicóloga, la reunión se vio desbordada de personas que consideraban que su palabra era tan válida como la de cualquier otra persona, y como ya no había significante alguno para contradecir aquello se decidió que cada persona allí presente podría exponer su punto en no más de 5 minutos.
La reunión sigue aun después de 3 meses, no solo por la inmensa cantidad de exponentes, sino porque el tiempo decidió actualizar su unidad de medida y si bien aviso con premura y por ventanilla, dijo que iba a enviar el instructivo a los relojeros para que hagan el cambio en 48 horas. Por desgracia nadie supo si eran 48 horas viejas o nuevas, y por el miedo a molestar al tiempo que puede que aún se encuentre dentro de los plazos estipulados, nada más molesto que insistir dentro de los tiempos burocráticamente establecidos, cada relojero fue adivinando a tientas cuanto duraría este nuevo tiempo, no podían darse el lujo de perder clientes. Es por eso que en aquella ponencia los 5 minutos de exposición no son de los viejos minutos, sino de alguna unidad que algún relojero desesperado ha inventado ante el abandono por parte del tiempo.
De cualquier manera, los relojeros se encontraban felices por la suerte que corrían, por fin su oficio volvía a estar en el centro de la escena, había llegado su tiempo. Mientras que el tiempo de otras profesiones y oficios llegaban a su fin. A los bomberos por ejemplo, quienes ante la creación de organismos internacionales de protección del fuego habían perdido su tarea, se los comenzó a demonizar, a tratar de genocidas. En algunas zonas rurales habían empezado a aparecer bomberos furtivos que de manera ilegal apagaban incendios, estos eran perseguidos por la policía y más de uno fue llevado a la corte internacional de justicia. Utilizar un fuego sin el consentimiento de este para cocinar, calefacciones o deshacerse de cartas de un viejo amor paso a ser una actividad digna de dilapidación social. Todo esto intentaba explicarle a Rubén su hija Rebeca quien estaba indignada ante el asado que su padre le estaba haciendo para festejar que se había recibido de socióloga en la UBA.
Rebeca le explico a su padre sobre el consenso, sobre las relaciones de producción, le explico que el fuego no estaba ahí para nosotros y ser explotado sin descanso, que esa era una visión materia céntrica que desdibujaba adrede el punto de vista de las energías. Rubén no entendía mucho, el fuego se veía muy a gusto debajo de la bondiola y la molleja, tampoco le molestaba, estaba orgulloso de que su hija haya podido ir a la universidad y usara palabras raras para explicarle cosas sin sentido. Se prendió un pucho y siguió escuchando.
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