Bro, Rompamos Todo Bro



Si no se cambia todo, no cambia nada se escucha decir en la voz de Mercedes Sosa o de Zitarrosa cuando enarbolan las coplas de Triunfo Agrario, canción escrita por Cesar Isella, quien casi 50 años después devino en férreo defensor del Macrismo (que se doble, que se retuerza, que se estruje como remera para batik jipi, pero que jamás se rompa, ¿era así?).

Yo no sé si hay que cambiar mucho poquito o nada las cosas (bah, nada no, estoy convencido que hay cosas para cambiar). Pero si me hace ruido lo de cambiar todo, por lo menos si lo sacamos fuera del contexto de la canción que habla de recuperar las tierras para el pueblo. Ahí sí, reventemos a los salvajes latifundistas.

¿Qué hay que cambiar? ¿Qué hay que conservar? ¿Qué hay que detener para recuperar un estado anterior que va camino a desaparecer?  

En la época actual (ahí arrancó el viejo choto) se vislumbra una tendencia a lo que muchos denominan posthumanismo: superar los límites de la capacidad humana. Sea el humo de la inteligencia artificial, la hiperconectividad de los celulares o la biotecnología que promete una esperanza de vida gigantesca (hay que ver si Greys Anatomy aguanta tantas temporadas) todo apunta a despojar a la humanidad de…bueno, su humanidad. De repente nos venimos a enterar que muchas de las cosas que nos hace humanos son debilidades que deben ser derribadas sin un objetivo muy claro.

Ojo, no estoy criticando el avance tecnológico como tal, porque las vacunas son necesarias, comunicarse con alguien que vive en la loma del orto y extrañás es lindo, pero la cuestión está en: ¿Qué otras cualidades de la humanidad se ven percudidas o erradicadas cuando aceptamos sin leer la letra chica de los términos y condiciones del Chatgpt (o del Minecraft, si, el Minecraft también)? Y ojalá fuese simplemente aceptar regalar un riñón o medio hígado, pero no me resulta casual que mucho de este supuesto avance venga de la mano de lógicas del capitalismo más voraz y desalmado que hayamos conocido.

Ahora me vengo a enterar que mi cuerpo es una cagada

“Si bro, si vos no podés hacer esto (procede a realizar burpis sin motivo aparente) es porque no te amas a vos mismo”. Hace rato ya que las redes se llenaron de defensores de las criptos, las inversiones y el libre mercado que no son otra cosa que energúmenos. Defienden la ganancia monetaria como único valor de desarrollo humano y en esa línea el cuerpo, los vínculos y el tiempo pasan a estar sometidos por esta. Y podrán decir “vos porque sos un vago con sobrepeso”, y algo de razón quizás tengan, principalmente por lo vago. Pero llama bastante la atención no el disciplinamiento sobre los cuerpos como tal, cosa sobre la cual ya han escrito largamente franceses pelados con polera como Foucault, sino el nivel de hostilidad y violencia auto inducida que proponen estos sujetos.

Vean un par de reels de Llados (un gallego con esteroides) o de cualquier adepto suyo y observarán que la propuesta, además de hábitos que nada tienen realmente de saludables, implica siempre algún tipo de violencia (mayormente psíquica y simbólica) contra uno mismo. Esto, que ya se observaba con las relaciones de producción en el marco de esta sociedad post fordista, donde la explotación y los estándares de excelencia ya no son exigidos por el patroncito, sino que es uno mismo quien se lo impone, se comienza a observar contra el cuerpo propio.

Bah, contra lo vincular también, porque empiezan a exigir a su círculo de “amistades” o “parejas” que sean funcionales a su lógica de producción sádica. Sin ir más lejos hay un video circulando de un correligionario de Llados en donde explica que como su pareja quería tener sexo muchas veces a la semana (no se cuánto será mucho) y eso es “improductivo”, le propuso filmar y subir los videos para hacer plata, cosa que no fue bien recibida. “Bro yo le di un plan de negocios bro, así piensan los pobres”. En fin, no la pone más.

La sagrada trinidad

Lo llamativo es que no son loquillos aislados, sino que siguen una línea coherente a nivel ideológico y de mentoring (ah re) con los líderes de las Fintechs más poderosas del mundo. Desde Musk hasta Galperín (como detesto a Gilperin), observamos un alineamiento con discursos de lo que muchos eligen denominar como (ctrl) Alt-Right. Ahí aparecen personas como Trump, Milei y Meloni, que en lo individual parecen ser totalmente incoherentes, pero que sin embargo están muchísimo más alineados que cualquier otro movimiento internacionalista actual, ya que aceptan el lugar que le corresponde a cada uno a nivel global. Tenemos aquí expuestos entonces los tres lados del triángulo (de ponzi), el cultural con los gymbros, el tecnológico con las Fintech y el político con la Alt-Right (cabe aclarar que estos lados no dejan de tener límites difusos).

Hago un disclaimer: no considero que los otros grandes empresarios que no comulgan con estas ideologías sean de izquierda, pero al menos la caretean de ambientalistas y de filántropos, lo cual no es un consuelo, pero nos muestra una diferenciación.

Me pregunto entonces: ¿Qué mierda quieren? La primera respuesta es plata, pero la verdad es que ya les va perfectamente bien en el mundo tal cual está, y si bien la avaricia no conoce de límites, me deja sabor a poco este nivel coordinación a nivel internacional solo por la plata. ¿Poder? Bueno, eso se acerca un poco más, el poder se ejerce y a estos muchachos no les falta, subyugan culturas y naciones constantemente. Pero para mí, ¡para mi eh!, hay algo más profundo.

¿What the fuck do you want?

Estos tipos quieren un Crack, en el sentido más sonoro de la palabra. Un crack en la sociedad, un antes y un después, una nueva sociedad bajo sus propios términos. Ya no alcanza con ser los más millonarios, los que más recursos tienen, los más famosos. Buscan la trascendencia, ser profetas de una tierra hecha a su imagen y semejanza. Buscan ser lo más parecido a un dios, pero corpóreo, nítido y reproducible hasta el fin de los tiempos gracias al telefonito. Y no importa quien ocupe el lugar de Dios, mesías, apóstol, etc, porque están todos totalmente alineados con el mismo fin.

Y aquí el asunto: esta nueva sociedad, por los indicios que nos van dando, es una poronga. Nos busca eximir de toda humanidad. Más allá de la cuestión híper individualista y monetarista en donde aquel que no tenga plata se muera, porque, seamos honestos, eso ya estaría ocurriendo. Lo que se gesta en estos momentos es mucho más profundo, es el cambio de la concepción humana. Es la desaparición, tanto desde lo individual y lo colectivo, de ciertas sensibilidades, pensamientos, creatividades y demás cuestiones que hacen a la condición humana como la conocemos.

No creamos tampoco que esto es tan sencillo como “la mayor expresión de individualidad” (no nos comamos la curva) sino que esta sociedad concibe nuevas formas tanto de lo individual como de lo colectivo, no desconoce la necesidad de la existencia de otros para la subsistencia, pero le da nuevos fines. Basta con observar el lenguaje de las teorías del management para darnos cuenta: el otro no es en relación a mi (colega, hermano, jefe, empleado), el otro es un colaborador (que palabra horrible) o un líder (lavado de cara para el patroncito). Se jerarquiza la tarea por sobre lo relacional y desdibuja, a su vez, las relaciones de explotación.

¿Y ahora qué pasa, eh?

Qué se yo flaco, no lo va a pensar ninguno de nosotros en soledad. Pero sí sé que no va a alcanzar con análisis sesudos o discursos vacíos (como la mayoría de los discursos), ni únicamente con posicionamientos dentro de las lógicas partidarias. Mucho menos únicamente con la palabra, porque la palabra sola no construye realidad (otra curva que nos tenemos que dejar de comer).

Para mí, ¡para mi eh!, la búsqueda debe estar en re direccionar la libido, el placer, el goce que da, de una manera u otra, esta sociedad actual. Redireccionar el goce que da el consumo hacia cuestiones más humanas, más espirituales, artísticas, intelectuales, lo que quieran; pero alejarse del consumo y de la guita por la guita. En algunos casos se tratará de volver a cuestiones anteriores, pero en muchos otros de ver hacia adelante sin negar lo que el capitalismo y la sociedad de consumo ya nos ha generado.

Y proponer cambios en serio, no parches, porque esto se va al tacho chabón.


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